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Spanish Un hombre hecho a sí mismo A pesar de una infancia y adolescencia difíciles, Ken Cormier perseveró. Ahora es el orgulloso propietario de un parque en Maine y es alabado continuamente por dirigentes locales y nacionales por su contribución a la comunidad. Por Tim O’Brien El viaje de la vida del dueño del parque de Maine Ken Cormier ha estado guiado por lo que él llama “manos invisibles”. A pesar de vivir sólo con 16 años, cuando todavía estaba en el instituto, sin nadie que le cuidara, Cormier consiguió tener dos trabajos, no abandonar los estudios, y no meterse en líos. “Hubo tantas oportunidades en aquellos años en las que podía haber tomado malas decisiones”, dice a Funworld. “Pero esas manos reconfortantes hicieron que llevara una vida honrada y me mostraron el camino, que me llevó hacia donde estoy actualmente”. ¿Y dónde exactamente está hoy? La respuesta corta sería que mientras lees esto, el probablemente esté en su parque, Funtown/Splashtown USA, en Saco, Maine, preparando la apertura de 2006. Otra respuesta es que es el patriarca y guía de una ambiciosa y exitosa familia de parques de atracciones que posee y opera su propio parque, celebrando su 38 aniversario en 2006. Actualmente el parque de atracciones tiene más de 30 aparatos, incluyendo “Excalibur”, la única montaña rusa de madera del estado, mientras que el parque acuático tiene una amplia variedad de juegos acuáticos, toboganes, y atracciones. El parque de Cormier es el mayor empleador de trabajadores de temporada en el estado, y según el alcalde de Saco, Mark Johnston, el parque es una de las empresas que paga más impuestos de la ciudad. “Uno de los mayores atributos de Ken en lo que me respecta es que nunca se queja de sus impuestos”, dice el alcalde. “La familia Cormier es tradicional, con un gran sentido de la moralidad, muy accesible, y han hecho que Saco tenga su lugar en el mapa como destino en el norte de Nueva Inglaterra. Si, nos gusta mucho la familia”. Resulta que no sólo los dirigentes locales adoran a Ken Cormier. En 2001, la Asociación de la Pequeña Empresa le nombró Pequeño Empresario del Año de Maine, un gran “bravo” para el humilde y modesto Cormier. El y su mujer, Violet, fueron invitados a la Casa Blanca y tuvieron una breve reunión con el Presidente George W. Bush. “Violet le dio un par de pases para el parque y le dijo que fuera la próxima vez que visitara a sus padres en la cercana Kennebunkport (Maine)”, dice Cormier riendo, indicando que todavía no han usado los pases. Sus compañeros de los parques de Nueva Inglaterra le concedieron otro gran honor en 2005, reclutándole para la galería de personajes famosos de la Asociación de Parques de Atracciones de Nueva Inglaterra. “Significa mucho para mi ser honrado y reconocido por otros en el sector”, dice. Siempre se puede aprender algo Cormier dice que aprendió una valiosa lección durante sus años de formación que es ahora su mantra. “Nunca llegarás a ningún sitio si te rindes”, dice. “Rendirse es fácil, cualquiera puede hacerlo. Siempre miré hacia delante, buscando el éxito, y nunca pude aceptar que me rendiría a algo”. Sus padres se divorciaron cuando tenía 5 años. Raramente veía a su madre y vivía con su padre, un leñador que solía estar en los bosques de Maine. “Viví en una pensión los años que estuve en el instituto, mientras mi padre estaba fuera trabajando. Pagaba mi alojamiento y comida, pero rara vez le veía”, dice Cormier. Para ganar dinero para sus gastos, limpió zapatos en la calle hasta que la policía le dijo que recogiera sus cosas y se fuera. Para su siguiente trabajo, hacia autostop para que le llevaran a Old Orchard Beach donde se introdujo en la industria alimentaria. “Si, vendía perritos calientes en la playa”, dice riendo, observando que cuando no miraba nadie, a menudo se colaba en la montaña rusa de madera para cambiar de terreno. Dice que aprendió todo tipo de lecciones al crecer como lo hizo. Sin embargo, quizá el mejor consejo que recibió fue cuando estaba en el instituto, por parte de un hombre varios años mayor, cuando ambos trabajaban en una lavandería. “Realmente le admiraba”, recuerda Cormier. “Era un tipo grande, una especie de héroe local de los deportes en el instituto, que se había graduado, pero seguía en la ciudad”. Cormier trabajaba 60 horas a la semana, ganando bastante dinero, y fue al trabajo un día y anunció que iba a dejar el colegio y trabajar en la lavandería. “No, claro que no. Vas a seguir en el instituto, hacer deporte, graduarte, y después encontrar un modo de ir a la universidad”, le contestó su héroe. “Puesto que me caía bien y le respetaba, le escuché, y cómo me alegro de haberlo hecho”, dice Cormier. El resto de su vida Cormier se casó con Violet, su novia del instituto, en noviembre de 1952, fue llamado a filas en febrero de 1953 y acabó pasando 18 meses en Corea. Volvió a casa y fue dado de alta del ejercito a finales del invierno de 1955. Su primer trabajo fuera de las fuerzas armadas fue en una fábrica de telas en Biddeford, Maine. Cuando los trabajadores se declararon en huelga, encontró un trabajo en Hartford, Connecticut, y volvía a casa los fines de semana. Cuando la fábrica volvió a ponerse en marcha, retomó su antiguo puesto haciendo sábanas y mantas, pero se dio cuenta de que no iba a ser un trabajo lo suficientemente estable como para mantener a su familia en el futuro. Se matriculó en la universidad, usando el subsidio educativo para ex-militares como base de un fondo para la universidad y empezó a trabajar para conseguir un título en contabilidad. En un momento dado, tenía tres trabajos a tiempo parcial durante la universidad. Su espíritu empresarial empezó a levantar cabeza en 1956, cuando tuvo la oportunidad de arrendar un hotel en Old Orchard Beach para la temporada. Lo dirigieron entre Violet y él y se embolsaron los beneficios ese año, con bastante éxito. Durante el año escolar, iba a clase, limpiaba baños en la universidad, limpiaba moldes de pan en una panadería local, y después iba a su trabajo a tiempo parcial en la fábrica. Con dos hijos y otro de camino, Violet también trabajaba a tiempo parcial. “Era increíblemente luchadora y trabajaba mucho para ayudar a pagar las facturas”, dice. Los Cormier empiezan sus negocios a lo grande Con un préstamo de 32.000 dólares de la madre de Violet, los Cormier empezaron la construcción del restaurante Marvel Drive-In en el otoño de 1959 en 4 hectáreas que compró junto a la Carretera 1 en Saco, Maine; abrió en la primavera de 1960. ¿Por qué un restaurante? “Pensé, que los servicios de comidas eran algo fácil, vendía perritos calientes en la playa, no podía ser tan difícil”, dice Cormier. Pero pronto se dio cuenta de que no era tan fácil. El Marvel abrió vendiendo perritos calientes, hamburguesas, patatas fritas, panecillos de langosta, y helado. Fueron un par de años duros, pero Cormier dice que ni él ni Violet lo vieron como un riesgo. “No, no nos dimos cuenta de que era un riesgo porque estábamos muy seguros de que sería un éxito”. Además, “de ningún modo íbamos a perder el dinero de mi madre. Teníamos que devolvérselo y hacer que estuviera orgullosa”, añade Violet. El restaurante perdió dinero los primeros tres años, y los dos Cormiers trabajaron en otros sitios en otoño, cuando el restaurante cerraba por la temporada de invierno. Durante tres años, Ken trabajó a tiempo completo como administrador auxiliar de St. Francis College, donde se había licenciado. Salía a las 5 de la tarde, se cambiaba de ropa, e iba a trabajar en el restaurante, después cerraba y limpiaba antes de ir a casa para dormir un par de horas antes de volver a su “trabajo de día”. Su primera empresa fuera del restaurante fue instalar canchas de bateo de béisbol a campo abierto detrás del restaurante en 1963. Se hicieron muy populares y ayudaron al funcionamiento del restaurante. Durante el invierno de 1964, asumió un puesto diferente a tiempo completo como jefe de contabilidad de una empresa privada y triplicó lo que estaba ganando en la universidad. Siguió trabajando en el restaurante por la noche. En 1967 sintió que había llegado el momento de dedicar todas sus energías a sus negocios. “Siempre había dicho que quería tener mi propio negocio”, recuerda. “El restaurante estaba dando dinero, y quería montar un pequeño parque de atracciones detrás, así que pensé que sería un buen momento para hacerlo”. Dejó su trabajo de contable en 1967 y pasó el 100 % de su tiempo desarrollando su concepto de parque. No volvió la vista atrás. Puesto que conocía bien las atracciones de Old Orchard Beach, a sólo cinco kilómetros de distancia, Cormier sintió que no había una razón que le impidiera construir un parque en Saco. Andre Dallaire, su cuñado, había construido un campo de mini golf junto al restaurante que estaba yendo bien y las canchas de bateo seguían en funcionamiento, por lo que Cormier sintió que era hora de añadir más atracciones. El crecimiento de un parque en Saco La familia decidió vender el restaurante, lo que les proporcionó lo suficiente para pagarle a la madre de Violet y un pequeño extra para comenzar el parque. También fue al banco y recibió un préstamo de 30.000 dólares para iniciar su negocio. Las canchas de bateo seguían teniendo éxito, Cormier construyó además un campo de tiro al plato, que duró solo un año, un ciervo automatizado en una pista donde la gente disparaba con arcos y flechas, y un parque de columpios. Un día un vendedor de publicidad para radio entró y le dijo a Cormier, “Necesitas un nombre para tu nuevo parque, estaba viajando hace tiempo y me encontré con un pequeño parque en el Sur que se llamaba Funtown. Así es como deberías llamar a este lugar”, dijo el hombre. A Cormier le gustó el nombre, y añadió “USA” a su título. En 1968, se añadió una pequeña atracción Hampton; en 1969, un tobogán gigante; y después más establecimientos de comida; un tiovivo Theel; una tienda de regalos; y en 1974, coches de choque propulsados por gasolina al aire libre. Cormier era muy ambicioso y quería que el parque creciera, era consciente de que tenía que añadir algo nuevo cada año para que fuera así. Dallaire no era tan ambicioso, y esto preocupaba bastante a Cormier, por lo que compró la parte de su cuñado en 1978. Mientras tanto, el restaurante había sido demolido, y en 1980, Dallaire construyó un pequeño parque acuático enfrente del parque de atracciones, donde había estado anteriormente el restaurante Marvel. Ahora con un socio, Cormier podía ser más agresivo con sus ideas de expansión. A principios de los años 1980, añadió varias atracciones Chance, incluyendo un Thunderbolt y un Trapecio. En 1984 compró un tobogán de O.D. Hopkins y al mismo tiempo añadió más edificios e infraestructura al parque. En 1996, Cormier compró el parque acuático a Dallaire, y por primera vez desde que abrió el restaurante en 1960, era el propietario de todo lo que había en el terreno, que había crecido hasta ocupar 31 hectáreas a mediados de los años 1990. Funtown/Splashtown USA, el nombre del complejo que agrupaba los dos parques, realizó su mayor inversión única en 1998, una montaña rusa de madera de Custom Coasters, la “Excalibur”. “Pensamos que era hora de dar el gran paso ese año y convertirnos en un verdadero parque de atracciones”, comenta Cormier. Además de la montaña rusa, se cercó todo el parque y se añadieron casetas para la venta de billetes en la entrada principal. En total, los Cormiers gastaron 2,2 millones de dólares en el parque en 1998. “Daba miedo invertir esa cantidad de dinero, pero estábamos muy seguros de que era dinero bien gastado”, dice. Ese año se convirtió en un parque con un precio único, la única manera de entrar era con un billete para el parque de atracciones, para el parque acuático o para los dos. “Varios años antes, tuvimos problemas porque mucha gente venía, aparcaba sus coches, y se paseaban por allí y, como mucho, compraba un helado”, dice. “Ocupaban todas las plazas de parking, y aquellos que querían venir por las atracciones tenían problemas para encontrar una plaza libre para aparcar. Crear el nuevo plan de admisiones era lo mejor que podíamos hacer para solucionar ese problema”. En 1998, la asistencia al parque alcanzó una cifra sin precedentes de 248.000 visitantes, el doble de la del año anterior. Lo mismo pasó con los ingresos, que prácticamente se duplicaron ese mismo año. “Era lo que esperábamos, y quizá un poco más”, añade Cormier. Un estilo de vida para toda la familia Los seis hijos de los Cormier crecieron conociendo el negocio, los mayores recuerdan las pequeñas tareas que les pedían que hicieran en el restaurante. A lo largo de los años, todos ellos trabajaron en el parque, y sólo a una no le interesó dedicarse a ello de manera profesional; eligió ser enfermera. Sin embargo, los otros cinco siguen estando involucrados, así como sus parejas e hijos. Ken es Presidente, Violet es Vicepresidente ejecutiva, el hijo mayor, Bill, es Vicepresidente de mantenimiento, Kevin es Vicepresidente responsable del terreno y el aspecto general del parque, Gail es el gerente de las tiendas de regalos, Candace está a cargo de los cajeros, los juegos, y el equipo SWAT (siglas en inglés de sanitary, waste, and trash: Sanidad, Desechos y Basura), y Kimberly es la directora de ventas de grupo y marketing. Violet, que pasó por tiempos difíciles durante muchos años junto a su compañero, Ken, es un gran respaldo para la familia. “Ahora estoy en una buena posición”, dice riendo. “Puedo escoger lo que quiero hacer, y el resto puedo delegarlo a los niños. Ken y yo nos sentimos muy cómodos con sus capacidades. Crecieron observándonos y saben cómo hacer las cosas de la mejor manera posible. Ahora ya conocen el programa bastante bien”. Durante 18 años, mientras los niños crecían, la familia hacía las maletas cada invierno y se trasladaba a Miami, Florida. “Era lo mejor para los niños. Es una ciudad pequeña, y todos los niños querían trabajar para nosotros. Si por alguna razón no contratábamos a alguien o, lo que es peor, si teníamos que despedir a alguien, a menudo podía ser perjudicial para nuestros hijos, que iban al colegio con todos los demás”, dice Violet. Cada año, empezaban el colegio en Saco, los sacábamos de ahí y los metíamos en un colegio privado en Miami, y después volvían a Maine para acabar el año académico. No era tan duro para los niños como parece, añade, hay “mucho más en el mundo que el pequeño Maine. Aprendieron mucho y supuso para ellos una experiencia variada en esos años”. Hace siete años vendieron su casa de Miami y empezaron a quedarse en Maine durante los inviernos. Hace dos años, Cormier echaba de menos Florida, y compraron otra casa, esta vez en Florida central. “No, no estamos jubilados, ni siquiera semi-jubilados”, señala Cormier categóricamente. “Los dos gozamos de buena salud y no tenemos planes de jubilarnos. Para mi, la jubilación es como señalar que el final de la vida está cerca, y de ninguna manera nos sentimos así”. Mira hacia atrás y se siente orgulloso de lo que ha logrado y sigue alabando aquellas “manos invisibles” que no le han abandonado en sus 73 años. Menuda vida, dice: “Hago algo que mantiene mi interés, y al tener cada día varias ideas nuevas, cada día supone una experiencia totalmente nueva. No, no voy a dejar esto por ahora”. Agua sobre agua
Los barcos de cruceros están comenzando una nueva moda: los parques acuáticos en la cubierta
Por Keith Miller
La explosión en los últimos años del número de barcos de crucero gigantes ha permitido a los pasajeros entusiastas la oportunidad de realizar una gran variedad de deportes, juegos y actividades a bordo. Ahora hay que añadir el surf a la lista.
Royal Caribbean International, con sede en Miami, Florida, se convertirá en la primera línea de cruceros en introducir una piscina para hacer surf y un parque acuático en un barco de cruceros cuando el Freedom of the Seas salga de Miami el 4 de junio. El barco de 136.000 toneladas será el barco de cruceros más grande del mundo, con capacidad para 3.600 pasajeros.
La piscina para hacer surf, que recibirá el nombre de FlowRider, será una atracción de 10 por 12 metros y ocupará un lugar destacado en la cubierta superior en la popa del barco. Andrew Thatcher, director de marketing de ventas de Wave Loch en La Jolla, California, que construye el FlowRider, dice que su empresa se alegró mucho cuando Royal Caribbean se dirigió a ellos: “Se trata de una tecnología innovadora, y pensamos que era muy apropiado”.
Kelly Gonzalez, director de nueva construcción y diseño de flota de Royal Caribbean, dice que la línea de cruceros llevaba unos cinco años estudiando la idea de la piscina para hacer surf. “Se trataba de un concepto muy interesante, y pensamos que se adaptaría perfectamente con el parque acuático Zona H20”, observa. “Visitamos algunos parques acuáticos que tenían [ FlowRiders] antes de decidir los detalles”.
Royal Caribbean ha hecho del FlowRider el tema de una campaña de marketing para el nuevo barco, exhibiendo recientemente un anuncio en televisión nacional sobre la atracción que muestra una impresionante vista aérea generada por ordenador de la piscina para hacer surf en acción mientras el barco está en alta mar. La empresa también hizo una promoción basándose en él: “ Wax and Win” (depílate y gana) en la página Web del Freedom of the Seas.
El parque acuático de la Zona H20 contará con surtidores de agua y cañones de riego, cascadas, estatuas de colores que disparan agua, cubos, y efectos activados por sensores. Hay una piscina con zonas para caminar y cascadas, y una piscina poco profunda para los niños más pequeños. En una de las piscinas, los bañistas pueden coger un tubo y flotar alrededor de una isla central.
“La Zona H20 surgió durante el proceso creativo de Freedom, y toda nuestra zona acuática era algo que queríamos ampliar para que toda la familia pudiera disfrutar de ella”, dice González.
Linda Coffman, una experta en líneas de cruceros que escribió “La guía completa de los cruceros del Caribe” para Fodor’s Travel y ha seguido el sector de los cruceros durante 17 años, dice que el aspecto de estas atracciones de parque acuático sigue una tendencia en el sector. “Los cruceros familiares están muy de moda”, observa, “y va a haber más de un millón de niños en cruceros este años, lo que supone un 9 por ciento de todos los pasajeros. Por eso las líneas de cruceros se están centrando en esta franja demográfica”. Coffman observa que la Zona H20 se centra en las familias, mientras que el FlowRider se dirige a adolescentes y jóvenes.
Carnival Cruise Lines, la mayor línea de cruceros del mundo, con 21 barcos, ha instalado toboganes acuáticos con curvas de 65 metros de longitud en algunos de sus barcos más nuevos. Además del tobogán gigante, el Carnival Splendor, que ha costado 500 millones de dólares, y que empezará a funcionar en la primavera de 2008, contará con una nueva zona de entretenimiento acuático, la primera de la flota.
“Nos dirigimos a un amplio espectro de la zona central de los Estados Unidos”, dice Aly Bello-Cabreriza, portavoz de Carnival, “y llevamos a unos 525.000 niños cada año, por lo que estas [atracciones] son parte de las muchas actividades que ofrecemos”.
El Magic y el Wonder, los dos barcos de las líneas de cruceros Disney, tienen cada uno un tobogán de unos 60 metros de longitud que desemboca en la Piscina Mickey. Sin embargo, Jason Lasecki, director de relaciones con los medios de la línea de cruceros, dice que Disney tiene la ventaja de no tener que poner todas sus actividades de juegos acuáticos a bordo del barco, porque su isla privada, Castaway Cay, ya cuenta con muchas atracciones acuáticas.
Puesto que los parques acuáticos han sido destinos populares durante más de 20 años, podríamos preguntarnos por qué no se han visto más atracciones acuáticas en barcos de crucero. El número cada vez mayor de niños en cruceros es un factor importante en el hecho de que estén apareciendo ahora, pero Coffman dice que hay otras razones por las que no se habían instalado antes. “La tecnología no era viable y no había espacio”, sostiene. La Zona H2O del “ Freedom of the Seas’ hace circular 10.000 litros de agua. A eso hay que añadir el FlowRider (120.000 litros), la piscina deportiva, y las piscinas de hidromasaje, lo que supone un peso muy grande y mucho espacio”.
Thatcher está de acuerdo: “Había problemas de ingeniería, y estaba claro que el peso era algo a tener en cuenta, sin embargo, cuando la gente empezó a investigar nuevas formas de entretenimiento [a bordo] y nuevas ideas innovadoras, estas cosas empezaron a surgir, en realidad sólo era necesaria una persona que tuviera la visión”.
Agua segura
Con el aumento en el número de atracciones acuáticas en los barcos de crucero, la seguridad en el agua se convierte en un asunto importante. Ninguna de las líneas de cruceros con las que hemos contactado cuenta con socorristas para sus zonas de entretenimiento acuático, pero todas ellas observan que siempre hay personal de seguridad y personal a bordo presente para controlar las zonas de entretenimiento acuático; las atracciones como el FlowRider y los toboganes gigantes cuentan con operadores de atracciones. Thatcher señaló rápidamente que aunque el FlowRider mueve 120.000 litros de agua por minuto a una velocidad de 43 kilómetros por hora, la profundidad del agua de la atracción es de sólo 10 centímetros.
Cuando los pasajeros corren en superficies mojadas, siempre hay la posibilidad de caídas. Lasecki observa que las líneas de cruceros de Disney han instalado un material mullido alrededor de las zonas de las piscinas de sus barcos para ayudar a impedir resbalones.
La calidad del agua es una preocupación en los barcos de cruceros, del mismo modo que en los parques acuáticos tradicionales, puesto que enfermedades como la criptoesporidiosis y el virus de Norwalk se propagan comúnmente mediante el contacto con agua contaminada. Lasecki afirma que Disney Cruise Lines conoce bien estos riesgos y controla de cerca la calidad del agua: “Los procedimientos sanitarios para piscinas y balnearios en nuestros barcos siguen las directrices del Programa de Sanidad para Buques del Centro para el Control de Enfermedades, gestionado por el Servicio de Sanidad Pública de Estados Unidos. Contamos con personal formado en salud medioambiental en ambos barcos para garantizar que se cumplen estas directrices”.
El hecho de que haya en perspectiva más elementos de parques acuáticos en barcos de crucero puede depender en gran medida en la popularidad de atracciones como el FlowRider. Thatcher dice que los dos barcos gemelos del Freedom of the Seas que se entregarán en 2007 y 2008 también tendrán piscinas para hacer surf y añade, “Vamos a ver muchas más de estas cosas en barcos de crucero”.
Coffman está de acuerdo en que es una apuesta segura: “Royal Caribbean está introduciendo muchas de estas nuevas atracciones, y si las otras líneas quieren competir, nos seguirán”. Lo importante es la gente
Fantasilandia ofrece un entorno laboral que fomenta el crecimiento personal y profesional a largo plazo
Por Preston Merchant
Escritor y fotógrafo freelance, Preston Merchant ha viajado a Sudamérica durante varios días, visitando las instalaciones y entrevistando a visionarios del sector. Durante su visita a Fantasilandia, en Chile, conoció a varios veteranos del parque y empleados jóvenes, todos ellos con ricas experiencias personales y ambiciosos planes profesionales y personales, gracias a la alentadora dirección y personal del parque. La primera entrega de nuestra serie sobre Sudamérica muestra un puñado de ellos, así como el dueño del parque, Gerardo Arteaga Sr., conocido también en el país por sus actividades agropecuarias, esfuerzos filantrópicos, y contribución al sector del entretenimiento.
Fantasilandia ocupa un agradable rincón del Parque Bernardo O’Higgins, en Santiago, el espacio verde público que honra al líder revolucionario chileno que obtuvo la independencia de España y se convirtió en el primer presidente del país. El parque está situado junto al campus universitario de la ciudad, cerca de bares de Internet, cafeterías, y fotocopiadoras, y al alcance de los estudiantes de Santiago. Con sus umbrosos árboles y el aroma de algodón de azúcar y perrito caliente, Fantasilandia es popular entre la juventud de la ciudad, por lo que es normal ver parejas de la mano en los bancos o agarrándose fuertemente cuando la montaña rusa se prepara para caer. Gusta por igual a visitantes y empleados, por su ambiente acogedor y familiar, Fantasilandia es tan atrayente, que cuando llegues, es posible que te quedes una larga temporada.
Gabriel del Río llegó a Fantasilandia hace 27 años, como operador de atracciones. Había estado trabajando en un parque de atracciones itinerante cuando su novia, cansada de sus ausencias, le dio un ultimátum: “¡Cásate conmigo o vas a ver!” Así que del Río le pidió que se casara con él y aceptó un puesto manejando una montaña rusa virtual en Fantasilandia. La atracción ya ha desaparecido, pero del Río ha disfrutado de una larga carrera en el parque, trabajando hasta llegar a la dirección. Ahora supervisa los restaurantes, puestos y otros establecimientos del parque.
Cuando Heraldo Parra empezó a trabajar en Fantasilandia hace 28 años, pensó que se quedaría solo un año, pero encontró algo cautivador en el trabajo. “Me gustaba el contacto con el público”, dice, “y el efecto de las atracciones en la gente”. También empezó como operador de atracciones y aprovechó las oportunidades para ascender. Ahora es el supervisor de mantenimiento del parque, responsable de 30 atracciones y de 20 empleados.
Le gusta el hecho de que su carrera en el parque ha sido variada. Su trabajo en Fantasilandia le ha permitido contribuir a todas las fases del funcionamiento, desde la atención al cliente y el mantenimiento hasta la gestión y el diseño. “El trabajo aquí es más completo”, dice Parra. “No se aprende un único trabajo”.
Hace veintiocho años, Olivia Nasser vino a Fantasilandia para trabajar como secretaria. Actualmente es la directora de marketing del parque, supervisando las ventas de la empresa que son vitales para el balance anual. Cada año, el parque cierra al público del 15 al 24 de diciembre para que las empresas locales celebren sus fiestas de Navidad. Fantasilandia es el único complejo en Santiago capaz de albergar cerca de 5.000 personas y en Chile las fiestas navideñas de las empresas son una tradición fuerte, en la que los empleados traen a sus familias a la celebración. Por lo que el parque es el sitio ideal.
Gracias al encanto personal de Nasser y su dedicación al programa, las empresas de Chile llevan años disfrutándolo. “Me gusta pensar que estoy vendiendo felicidad y buena voluntad”, dice. “Nuestros programas son seguros y divertidos, y me ofrecen la oportunidad de conocer a gente”.
Del Río, Parra, y Nasser se sienten parte de la familia de Fantasilandia, sobre todo porque recuerdan aquellos días en los que su director general, Gerardo Arteaga Jr., corría por todo el parque cuando era solo un niño con su padre, el propietario Gerardo Arteaga Sr. Ahora el hijo dirige el funcionamiento. “Es como ser el jefe de tus tías y tíos”, dice con una sonrisa.
Ofrecer nuevos retos para que los empleados crezcan y se desarrollen en un entorno en el que se sientan respaldados ha sido una parte importante de la filosofía de Fantasilandia durante más de 30 años. Para ello, la mitad de los empleados reciben formación cada año en un campo que no es el de su especialidad, aprendiendo campos técnicos, como sistemas hidráulicos y electricidad, o desarrollando aptitudes de presentación, como oratoria y atención al cliente, o estudiando prácticas comerciales como marketing y contabilidad. El resultado es una plantilla continuamente renovada y deseosa de ascender.
“Para los nuevos puestos, siempre buscamos dentro”, dice Arteaga Sr. “La formación es una prioridad muy alta”.
Parte de la formación se desarrolla en la empresa, y otra parte está a cargo de expertos externos. Los cursos están certificados por el gobierno. Los empleados pueden obtener certificados al finalizarlos con éxito.
La naturaleza académica del programa de formación de Fantasilandia es vital, ya que la mitad de los 300 empleados del parque son estudiantes universitarios. La proximidad del parque a las universidades de Santiago es un atractivo, junto con la experiencia práctica que pueden obtener los estudiantes. Trabajar en Fantasilandia no sólo ayuda a los estudiantes a pagar su paso por la universidad, sino que también puede serles de utilidad en el ámbito laboral una vez que acaben sus estudios.
“Es una buena formación para los estudiantes universitarios”, dice Arteaga Jr. “Aprenden a tratar con el público y con grandes multitudes. Ganan confianza en sí mismos”.
La calidad de la formación significa que los trabajos en Fantasilandia atraen a algunos de los mejores y más brillantes estudiantes de Santiago. Magdalena Henriques, de 19 años, está en segundo de medicina en la Universidad de Chile. Obtuvo la nota más alta en el examen nacional para entrar en la universidad y recientemente obtuvo una beca para terminar su formación de medicina en Canadá. Durante los últimos tres años, ha trabajado en preparación de comidas en Fantasilandia, lo que le ha permitido pagar sus estudios y que se le presenten oportunidades gracias a ello.
“Soy la primera persona en mi familia que va a la universidad”, dice. “Trabajar en Fantasilandia me ha proporcionado una experiencia práctica a la hora de trabajar con la gente. También he aprendido mucho de administración.” Se trata de habilidades importantes que necesitará para su carrera en medicina. A Henriques le gusta trabajar en el parque, dice que es por sus “cualidades humanas”, sobre todo por los amigos que ha hecho y los niños a los que atiende.
Su horario es exigente. Después de un trayecto de 30 minutos en bus desde su casa, asiste a sus clases de bioquímica, anatomía, medicina forense, y microbiología, que empiezan a las 7 a.m. Es tutora de otros estudiantes y trabaja los fines de semana en el parque. Su hermana pequeña, Sarai, también trabaja en preparación de comidas en Fantasilandia. “Tengo que cuidar de ella”, dice Henriques.
Con una combinación de entusiasmo, profesionalismo, y alegría, los estudiantes que trabajan en Fantasilandia son un valor para el parque. La estudiante de odontología Isidora Savedora, de 19 años, está en su primera semana en el puesto, trabajando en uno de los restaurantes del parque. “La gente aquí es simpática y nos apoya. Todo el mundo habla contigo”, dice.
Esta interactividad también es importante para Rafael Licama, de 23 años, que estudia inglés en un instituto cercano. Si bien es cierto que la mayoría de los visitantes del parque son de Santiago y no hablan inglés, Licama saborea las pocas oportunidades que le llegan, en forma de turistas y empresarios extranjeros durante la temporada navideña. Espera poder vivir y trabajar en Europa algún día.
El director de servicios de comidas de Fantasilandia, Roberto Mendel, dice “Es importante formar a la gente mientras son jóvenes”. Las aptitudes de presentación y comunicación, dice, les preparan para tener éxito en cualquier trabajo, y la energía que trae la gente joven a su trabajo ayuda a dar a Fantasilandia su acogedor atractivo.
El entorno profesional de Fantasilandia permite a los empleados perseguir sus propios intereses y al mismo tiempo ser creativos dentro del ámbito del funcionamiento del parque. Esto ha sido especialmente importante para el Director Técnico y de Desarrollo Andrés Moreno. Empezó como operario de atracciones hace 24 años mientras estudiaba ingeniería en la Universidad de Chile. Con los años, ha diseñado y construido muchas de las atracciones de Fantasilandia, incluyendo el “Río rápido” y el “Agujero negro”, una atracción con agua oscura. Viaja frecuentemente, probando atracciones en Europa y conociendo gente en las conferencias de la IAAPA. Está activo en todas las fases del funcionamiento del parque, sobre todo los planes de expansión, ya que hay que desarrollar y albergar nuevas atracciones dentro del espacio existente. Se trata de un papel exigente, para el que se necesitan a partes iguales las habilidades técnicas de un ingeniero, la imaginación de un amante de las atracciones, y el sentido de gestión de un empresario. “Cada día es diferente”, dice. “Me formé para crear cosas, es la parte que me gusta”.
Si se quiere mantener a la gente en la familia, es importante ofrecer un entorno que sea a la vez acogedor y desafiante. También es bueno para el negocio, dice el Arteaga mayor: “La formación es cara, y se premia a las personas en las que se puede confiar. Nadie quiere hacer el mismo trabajo 25 años”.
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