Vencerá
Clair Hain & Co. vencieron contra todo pronóstico con Great Coasters International
Por Jeremy Schoolfield
La caída fue de tan alto, las heridas fueron tan graves que todas las probabilidades indicaban que Clair Hain Jr. no debería estar vivo ahora mismo, y mucho menos ganándose la vida construyendo montañas rusas. Es un milagro médico que camina, habla y que utiliza la taladradora de clavos.
“No se esperaba que viviese”, declaró el presidente y propietario de 40 años de Great Coasters International Inc., la empresa con sede en Pennsylvania especializada en el diseño y construcción de montañas rusas de madera de tipo “tornado”. “Sobreviví a todo aquello y se suponía que no podría moverme de cuello abajo. Y cuando lo superé, no podría caminar otra vez. Y lo superé todo”.
Al igual que su recuperación de un accidente que casi lo mata, tampoco se le concedieron muchas oportunidades a la pequeña empresa de Hain y a su actitud proclive a cambiar las reglas. Pero ahora, con más de una década en existencia, esta primavera Great Coasters abrió dos nuevas bellezas de madera, otra prueba más de su creciente reputación como una de las mejores firmas del sector (“ Thunderhead” en Dollywood, Pigeon Forge, Tennessee, gana constantemente en las encuestas, que la sitúan como una de las montañas rusas de madera más populares del planeta). De la tragedia al triunfo, la de Hain es una historia de amistad, amor y también la historia de una voluntad de acero.
‘Su voluntad y su deseo’
“Básicamente, me encontraba en el lugar incorrecto a la hora equivocada”, declaró Hain comentando el 27 de marzo de 1994, -Domingo de Ramos- cuando supervisaba la construcción de “ Hoosier Hurricane” en Indiana Beach, Monticello, Indiana. “Lo que sucedió es que estaba parado en algo que no era seguro. Por la vibración que provoqué con el martillo, el tablón se soltó y yo caí”.
Caí desde una altura de 16 metros para ser exacto, un impacto contra el suelo que dejó a Hain al borde de la muerte. Paralizado del cuello para abajo, se rompió el cuello, la espada, la clavícula, la muñeca derecha y todas las costillas, para no mencionar la perforación de sus dos pulmones y la mutilación de su riñón. Se pasó un mes totalmente paralizado en una cama de un hospital de Indiana, incapaz de moverse por sus heridas e incapaz de hablar debido al tubo de respiración metido en su garganta.
No obstante, recuerda nítidamente el día en que un grupo de doctores y enfermeras comunicó a su familia que sus heridas le impedirían dar otro paso durante el resto de su vida. Se acuerda porque al día siguiente meneó un dedo del pie.
“Me encontraba en la cama del hospital, mirándome a los dedos de mi mano, mirando a los dedos del pie”, recuerda Hain. “Me concentré y me seguí concentrándome, mirando a los dedos de mis pie hasta que conseguí que se moviesen. Era el triunfo de la mente sobre la materia, y la voluntad de que [construir montañas rusas] era lo que deseaba hacer. Amaba mucho mi trabajo y estaba muy entregado a él. No podía esperar para volver a mi trabajo”.
Hain está agradecido a su familia y amigos por “acosarlo” para que se levantase y se pusiese en movimiento. “Tenía muchos amigos que me apoyaban”, declaró, como Mike Boodley, quien pronto se convertiría en su socio empresarial.
Boodley, un diseñador de montañas rusas de California, conoció a Hain por primera vez a principios de la década de los noventa, cuando los dos trabajaron en la firma Custom Coasters International, actualmente inexistente, en la “ Sky Princess” de Dutch Wonderland, Lancaster, Pennsylvania. Hain, que ha estado presente en el sector de la construcción durante toda su vida, empezó en el sector de las ferias de atracciones a la edad de 17 años, cuando lo llamaron para trabajar en “Phoenix” en Knoebels Amusement Park and Resort de Pennsylvania- fue el primer martillazo, sólo unos pocos años después ya era el director de proyectos de campo de Custom Coasters para “ Princess”. Él y Boodley compartían ideas similares sobre lo que debería y podría ser una montaña rusa de madera, de manera que se hicieron amigos de inmediato. Después del accidente de Hain, cuando ya se podía comunicar, una de las primeras personas a las que pidió a su madre que llamara era Boodley; Boodley, a su vez, pasó varias semanas al lado de Hain, animando y motivando a su amigo para que se reestableciese. Una vez que consiguió mover el dedo del pie por primera vez, Hain declaró que ya no habría nada que lo parase, caminaría otra vez, y su feroz deseo acabó preocupando a todos los que velaban por su recuperación.
“Estaba muy dolorido por estar tan rígido durante 33 días”, declaró Hain. “Perdí toda mi fuerza. Pasé de tener la fuerza de un buey a tener la fuerza de un niño pequeño, un niño de pocos años. Los doctores estaban un poco asustados y pensaban que estaba haciendo demasiado, pero tenía la voluntad de salir de allí”.
Una vez transportado por aire desde Indiana al Centro de Rehabilitación de Gibson, en Williamsport, Pennsylvania, lo que hizo Hain esencialmente fue reconstruir su cuerpo gradualmente, volviendo a aprender cada movimiento de los músculos como si fuese un niño. Incluso las tareas más sencillas como peinarse el cabello, cepillarse los dientes o escribir con papel y lápiz constituían verdaderas órdagos. Y después de dos años de recuperación, Hain sigue paralizado parcialmente en el lado izquierdo de su cuerpo.
“Todavía hay músculos que no puedo utilizar, por lo que he adaptado otros músculos para que hagan el trabajo”, declaró. “He mejorado muchísimo. Ya no me molesta tanto, pero al principio sí. Saber las cosas que podías hacer y descubrir que no las podías hacer al día siguiente, eso es algo que me movió loco. Ahora tengo días buenos y malos, todo depende del tiempo. Cuando hace frío, mis músculos se congelan. Cuando hace calor, mis músculos se crispan”.
Boodley y Hain ya habían hablado sobre independizarse en el pasado, Boodley diseñaría las montañas rusas y Hain las construiría, sin que estas conversaciones sirvieran de nada. Pero la caída de Hain hizo que su carrera adquiriese una nueva perspectiva, de manera que cuando Boodley visitó otra vez a su amigo durante el periodo de rehabilitación de Hain y mencionó el tema otra vez, Hain ya estaba preparado con una respuesta.
“Estaba muy delgado”, es algo que Boodley recuerda de esa conversación. “Esperaba que dijese, ‘Olvídate, no quiero saber nada de montañas rusas’. Recuerdo que estaba sentado con sus brazos sobre una silla de ruedas y su cabeza en un corsé halo, apenas se podía mover, y entonces dijo; ‘Hagámoslo’, lo que fue algo extraordinario”.
Boodley se ríe en silencio cuando recuerda y rememora la realidad de la situación: “Mi socio empresarial ni siquiera puede caminar, pero me parece bien, ¡intentémoslo! Al ver que decía sí, ya sabía con certeza que lo lograríamos. Mira a su fuerza de voluntad y deseo. Gracias a eso sucedió todo”.
‘En el buen camino’
Great Coasters International se inauguró el 7 de diciembre de 1994, y desde el principio, el objetivo de Hain y Boodley era el de promocionar la oferta completa de la montaña rusa tanto como pudiesen, en términos de diseño y comodidad del usuario. Para estos hombres (y para los que se uniesen al equipo más adelante), una montaña rusa de madera es algo más que otra atracción de un parque de atracciones, para ellos se trata de una obras de arte, una atracción diferente que ocupa un hueco de mercado diferente que el de su hermana de acero mayor y más rápida.
“Las montañas rusas de madera son pura diversión”, declaró Boodley. “Lo que nos emociona en una montaña rusa de madera no se parece en nada a ser disparado a 120 metros de altura a una velocidad de 190 kilómetros por hora, pero el perfume bueno nunca viene en frascos grandes. Las montañas rusas de madera son más interesantes y ofrecen más en lo que se refiere a la inversión de las fuerzas dinámicas, ya que vas de arriba a abajo, de la izquierda a la derecha, de negativo a positivo y todo con mucha más rapidez que en esas atracciones gigantescas. “Para mí, eso es lo que lo hace divertido”.
“Constituyen una atracción muy vistosa para el parque”, declaró Hain. “Una atracción no tiene que ser la más alta o larga para que sea una experiencia magnífica para todas las edades. No tiene que ser algo que te deje molido ni que te impacte para que le guste a la audiencia. Quiero que el público se baje de la atracción, bajen por la rampa y vuelvan a subir”.
Empezando en 1996 con “ Wildcat”, en el Hersheypark de Pennsylvania, Great Coasters construyó nueve tornados de madera, incluyendo el “Kentucky Rumbler” de Beech Bend Park, Kentucky, que construyó este año, y el “Thunderbird”, en PowerPark, Finlandia, el primer proyecto internacional de la empresa. Jeff Pike, el vicepresidente de Great Coasters y el diseñador jefe desde 2000 (cuando Boodley se retiró parcialmente por problemas de salud), define al “tornado” como una montaña rusa que ocupa un espacio compacto, y que a pesar de su tamaño reducido incluye numerosos cruces y cambios de dirección sin sacrificar velocidad o comodidad. Es en esencia, el tipo de montaña rusa con la que ha estado soñando desde la niñez.
Pike, 28, era el terror de los maestros en su niñez, si una lección no le interesaba, se sumergía en su propio mundo y empezaba a garabatear diseños de montañas rusas. La atracción “ The Beast” en Kings Island, Cincinnati, espoleó aún más sus sueños, Pike pensó que alguien tenía que haber diseñado estas cosas, y que él sería el que lo haría.
“Desde que tenía ocho años hasta que acabé de estudiar, dediqué mi vida a introducirme en este sector”, declaró Pike. De niño acosó a los diseñadores de montañas rusas y acabó ganando un contrato de trabajo en prácticas en California bajo la tutela de Steve Okamoto, que a su vez presentó Pike a Boodley. Los dos se mantuvieron en contacto durante años, hasta que a principios de 1997 Boodley le ofreció a Pike una oferta de trabajo en Great Coasters, mientras Pike todavía estaba estudiando para conseguir su título de ingeniería en la Universidad de Louisville.
De manera que mientras Pike estudiaba la logística necesaria para compaginar estudios a tiempo completo con un trabajo a tiempo completo, se mudó a California para unirse a la mitad de Great Coasters controlada por Boodley en calidad de ingeniero adjunto. Poco sabia Boodley lo mucho que necesitaría la ayuda.
Great Coasters encontró su periodo de más éxito y de mayor actividad entre los años 1998 a 1999, en ese periodo la empresa se embarcó por primera vez en tres proyectos simultáneos—“ Roar” en Six Flags Marine World, California, “ Gwazi” en Busch Gardens Africa, Florida, y “ Lightning Racer” en Hersheypark. Y por si fuera poco, Boodley también seleccionó este periodo para diseñar, construir y presentar la verdadera visión que él y Hain tenían reservada para la empresa: el tren Millennium Flyer.
La fuerza motriz que guía a Great Coasters es el desarrollo de atracciones de madera que no se deterioren exageradamente con el trascurso de los años, lo que tiene como resultado esas montañas rusas bruscas, que nos hacen castañear los dientes y que agitan nuestros huesos, y que se relacionan con frecuencia con las montañas rusas más antiguas. Conseguir este logro significaba desarrollar una manera totalmente nueva de transportar a los pasajeros por la vía, que fue, no obstante, una idea que salió de la cabeza de Boodley. Aunque Great Coasters no habla sobre el diseño del Millennium Flyer protegido por derechos de autor, en esencia lo que se le ocurrió a Boodley fue un vagón de dos personas que rueda por una vía fabricada especialmente en vez de deslizarse por las curvas, esto último provoca cavidades en el acero, que a su vez provoca golpeteos y sacudidas en unos cuantos años. Boodley deseaba una composición de vagones de tren muy articulada, que le permitiese lograr distribuciones de vía más complicadas y compactas.
Mirando en retrospectiva, Boodley hubiese deseado empezar a trabajar en los trenes más temprano en su vida, ya que el diseño del prototipo y de las tres montañas rusas al mismo tiempo, y también administrar una empresa, desgastó su cuerpo hasta dejarlo hecho un hueso.
“Me estaba cayendo a trozos”, declaró Boodley, un diábetico. “Toda esta actividad me hizo pagar un peaje”.
De manera que en el año 2000, a los 42 años de edad, Boodley negoció un trato de compra con Hain y se “retiró”. Durante los últimos seis años, trabajó como un diseñador y consultor adjunto, supervisando el trabajo de Pike en cada etapa del camino, “Kentucky Rumbler” fue el primer proyecto en solitario de Pike.
“Él y yo siempre seremos muy buenos amigos”, dijo Hain sobre Boodley. “Es mi apoyo en caso de problemas. Si nos encallamos en algún problema, lo puedo llamar y estará allí en mi representación”.
El problema era que, aparte de Boodley, Pike era el único empleado de Great Coasters que conocía todos los detalles de los vagones de Flyer, y lo cierto era que no disponía de tiempo para supervisar su futura producción. Presentamos a Chris Gray.
Al igual que Pike, Gray era un fan de las montañas rusas desde la niñez (todavía dispone de docenas de cuadernos de más de 20 años que contienen sus fantasiosos garabatos sobre proyectos futuros, y aún utiliza algunos de ellos como consulta). Siempre deseo trabajar en algo dentro de este sector, de manera que empezó a tocas las puertas de Great Coasters, ofreciendo ayudar en lo que fuese durante las Expos de Atracciones IAAPA que se celebran anualmente. Utilizando su permiso mientras estaba en el ejército, pasaba una semana en la feria comercial, en la cabina de GCII, se trataba esencialmente de un breve contrato de trabajo en prácticas para una empresa que no tenía espacio para él.
Pero la personalidad gregaria de Gray y su clara determinación de trabajar en este sector, hizo que ganase puntos ante Boodley y que Pike le cobrase afecto; muy pronto los dos se convirtieron en amigos y permanecieron en estrecho contacto mientras Gray finalizaba su carrera militar. Después del retiro de Boodley, GCII se dio cuenta que necesitaba más de una persona que supiese como construir los trenes y por eso atrajo a Gray a su seno en julio de 2002.
“Ni siquiera conocía la descripción de mi trabajo cuando empecé a trabajar”, declaró Gray, de 31 años. “Iba a ser el tipo que construía los trenes”.
Con la posición poco definida de “asistencia técnica”, Gray se transformó en el “manitas” indispensable de Great Coasters. Gray divide su tiempo entre problemas logísticos (realización de pedidos de materiales, mover camiones de suministro de un lugar a otro, etc.) y montar los trenes en el sótano de la sede central de GCII en Pennsylvania, antes de transportarlos a los emplazamientos de instalación y colocarlos sobre las vías. También sirve como contacto principal para todos los vendedores de GCII; su trabajo consiste en construir y mantener esas relaciones fundamentales en las que la confianza en un factor de suma importancia.
“La posición laboral no posee un título”, declara. “En el mismo día, puedo contestar teléfonos o estar montado en una carretilla elevadora o con una llave inglesa y con grasa hasta las rodillas”.
Pero quizá la parte favorita de su trabajo es en aquella en que Pike lo llama para obtener una segunda opinión en un diseño, o incluso mejor, para emplear las ideas de Gray e incorporarlas en una montaña rusa de GCII. Gray no posee la suficiente experiencia en ingeniería para desarrollar una montaña rusa por su cuenta, pero se enorgullece de sus contribuciones “persuasivas” al equipo, cuando Pike “utiliza una idea mía y lo hace avanzar en una nueva dirección. Al final no será necesariamente mi idea, pero para mí es suficiente”.
“Es muy difícil instalar una atracción cohesiva que presente un aspecto agradable, proporcione una experiencia agradable, sea compacta y ofrezca cosas interesantes, y siempre esté haciendo algo”, declaró Pike. “Si pierdes el final de esta salida por cuatro grados, entonces estás totalmente perdido durante los próximos 100 metros. Es en este punto en donde empiezas a perder toda perspectiva y el café empieza a diseñar algo más que sentido común, es aquí donde [Gray] me ayuda. Generalmente dice, ‘ Jeff, no vas por buen camino, aquí’”.
‘Lo que haga falta’
El crecimiento orgánico de Great Coasters International deja a la empresa en una situación muy favorable en el momento en que acaba de poner el punto final a dos nuevas montañas rusas, y que mira hacia el futuro que le espera. Con sólo siete empleados a tiempo completo, todos los participantes expresan que desean que la empresa siga siendo pequeña para mantener el control de calidad en cada etapa de un proyecto.
“Cuando eres pequeño, tienes la capacidad de observar todo lo que deseas controlar”, declaró Gray. “Nos ocupamos de todos los detalles de la atracción”.
Great Coasters está presente en todos los Estados Unidos gracias a tres filiales separadas. Hain, Gray, y el Director de Oficina Peter Zanella, trabajan en la sede central de Pennsylvania; Pike y el Ingeniero de Atracciones Adjunto Mo Nasr, trabajan desde una oficina a las afueras de Cincinnati, Kentucky; y Robbin Finnerty, vicepresidenta de ingeniería, a la que Boodley contrató para California en 1997, aún mantiene una oficina en Santa Cruz. El talento de Finnerty en redes digitales ha sido de gran ayuda a la hora de unir a la empresa, ya que enlazó toda la operación a través de conexiones de datos de alto volumen y de alta velocidad, para así mantener a todos conectados incluso a los que están fuera del país.
Hain cree que GCII puede gestionar tres o cuatro proyectos al año como máximo, si se encarga de más teme que la empresa pierda uno de los valores intangibles que la convierten en un éxito—amistad, con sus empleados, sus vendedores y sus clientes.
“Nuestros antiguos clientes aún piensan en mí como en un amigo”, agrega Hain. “Cuando voy a cualquier feria, deseo convertirme en parte de la familia. Quiero que me consideren parte de la cuadrilla de trabajo. Hago todo lo que sea necesario. Ya no actúo sobre el terreno como antes, pero si una cuadrilla de compañeros se retrasa, voy allí de inmediato y los ayudo, tanto si significa transportar madera, clavar clavos, lo que haga falta”.
“Son un grupo de personas excelente”, declaró Dallas Jones, presidente y propietario del Beech Bend Park, en Kentucky. “Hasta donde yo sé, jamás hemos discutido. Si tengo que construir otra montaña rusa de madera, haré que la construyan ellos”.
“Ahora tengo muchos amigos americanos”, declaró Timo Kaasila, director de PowerPark, Finlandia, en donde ahora “Thunderbird” es “la atracción más popular de nuestro parque”.
“Estos proyectos son tan largos que es muy importante no sólo disponer de verdaderos profesionales, sino también de personas con las que resulte agradable trabajar”, declaró Kaasila.
“Una de las primeras cosas que nos gusta decir a un nuevo cliente es, bienvenido a la familia”, declaró Gray.
